Me acabo de dar cuenta que tengo hambre de alzar mi voz.

Hace poco me conmovió hasta las lágrimas ver a tantos jóvenes luchar por sacar a un presidente corrupto en mi país, uno más.

La forma en que esta persona tomó el poder es quizás algo que por dentro, sobre todo en esta cultura, ya estamos hartos.

Ya estamos hartos del supuesto poder del «más vivo», del que se pasa la fila «solo para preguntar», del que arregla todo a «billetazo», del que tiene «padrino», del que maquina todo para pasar por encima de todos, de la ley, y mentir, mentir hasta sentirse intocable, impune.

Pero, más allá de lo que estamos hartos aquí en mi país, gracias a su voz de reclamo, me he dado cuenta que también hay muchas cosas que me hartan más, sobre mí.

Sobre mis decisiones estos últimos años, o más bien, sobre las decisiones que me gustaría tomar y no las he tomado hasta hoy.

¿Tienes decisiones pendientes que necesitas tomar y no las has tomado hasta ahora?

¿Será que al no tomar esas decisiones estás postegando tu vida?, ¿será que estás transgrediendo tus derechos?

¿Será que el hambre de alzar la voz implica el defenderte hasta de ti misma, de sacar las caretas, de dejar de vivir por los demás y empezar a vivir por tu libertad?

¿Cuándo se está harta de vivir mintiéndole a tu vida?

¿Cuándo se está harta de tomar otras direcciones, a pesar de que lo sabes, sabes que tienes una dirección en mente pero no la tomas porque tienes miedo, aún así vives deambulando, postergando?

A veces pienso que postergo mi vida.

No sé en qué momento me quedé, inmovil, bloqueada, pasmada.

¿En qué momento me adormecí?

¿Es que ya no recuerdo cómo dar el siguiente paso, a veces ya no recuerdo cómo caminar?

¿Estoy en un coma espiritual?

Me conmueven estas alianzas, estos jóvenes que solo buscan una forma mejor de vivir en libertad, recuperar autoconfianza y buscar allá afuera algo que valga la pena seguir caminando.

Me conmueve y me llena el corazón seguir aprendiendo y leer más sobre feminismo, escuchar a otras mujeres denunciar injusticias, desigualdad, alzar la voz por vivir en un mundo más libre de prejuicios, más libre de depredadores que nos ven como objetos, más libre de la cultura de las dietas, más libre y tolerante con la diversidad de cuerpos y razas.

También quiero alzar mi voz, conmigo, viéndome de frente y decirme:

«Kathya es hora que grites por tu libertad y tomes esa decisión.»

«Kathya es momento que sigas caminando porque eso no se olvida, confía en que sabes dar el siguiente paso, es como confiar en que sabes cómo quieres vivir tu vida.»

Quizás de eso se trata la autonomía, de soltar el postergar la vida y ya no hacerlo más.

De alzar la voz y evidenciar tus propias mentiras en las que has creído, pero sabes que no, muy en el fondo sabes que no las aceptas hasta el hartazgo.

De dejar de esperar que la decisión que tomes es la decisión completa, correcta y que no te equivocarás.

No se toman decisiones pensando en que vas a fallar.

Se toman decisiones porque se necesita vivir, se necesita de esa decisión para tomar acción, para averiguar hacia dónde te llevará y adaptarte a ello caminando. No se toman decisiones para quedarse viendo la vida pasar.

Se toman decisiones en movimiento, porque la vida merece ser vivida mientras se camina paso a paso y observando que esa decisión se convierte en otra, y en otra, y se diversifican en otras, y así se suelta el miedo que obliga el postergar para dar lugar al miedo que lleva al coraje.

Al coraje de ser más tú y alzar tu propia voz.

Alzar la propia voz es conectarte con tu deseo de realización.

Conectarte con ese deseo es preguntarte:

  • ¿En qué momento te sentiste llena de satisfacción caminado esa decisión que tomaste?
  • Averiguando tus dones y talentos o preguntándole a gente que te conoce y te quiere, cuáles creen que son tus dones y probar.
  • Probando más de una decisión, más de un camino. Celebrando que somos multicaminos, multipasiones, multidecisiones. No hay forma de quedarte pasmada porque no hay forma de equivocarse, no hay caminos correctos o incorrectos.
  • Pregúntale a tu niña interior o adolescente interior ¿a qué le gustaba alzar la voz, qué decisiones tomaba sin tener en cuenta que eran decisiones, sino caminos que disfrutaba, y la hacían feliz, plena?